BARCELONA, SUCURSAL DE LA SALSA Y EL LATIN JAZZ

Eduardo Beltrán

Bloguero, melómano y “salsero ilustrado”.

Miembro Salsa Global

Español

Valencia, España

En absoluto debería tenerse en cuenta que quiero comenzar siendo proclive a la ocurrencia de considerar al itinerante Festival Salsa y Latin Jazz, con escala en Barcelona los días 20 y 21 de julio, como un certamen salsero híbrido dado el elenco que integraba la programación: Rubén Blades, Eddie Palmieri, Larry Harlow, Alfredo de la Fe, Gilberto Santa Rosa, Guayacán Orquesta, Calle 13, Toto La Momposina, Alexander Abreu y Habana D´Primera, La Excelencia, La Sucursal… y también porque hubiese pensado que la gran mayoría de quienes estuvimos allí, en particular gustadores y bailadores, parecíamos responder a las constantes prejuiciosas y estereotipadas del mundillo geográfico, cultural y musical salsero -dentro de un país europeo-: latinoamericanos fuera de sus países de origen bailando, tocando y cantando salsa y españoles en su país pero tocando y bailando salsa brava, en una línea u otra y organizados en coreografías, y no en gracia natural. Empero, en verdad, pierdan cuidado a lo dicho, el Festival Salsa y Latín Jazz es en realidad para España un festival inédito, inaudito quizá, desde su primera edición en el año 2011, asunto que enuncio por varias razones, que bien vale observar, para comprender por qué se produce un montaje sin antecedentes en un país "tradicionalmente no salsero": 

La primera podría ser su origen, porque tiene lugar en una ciudad, Barcelona, donde coinciden y conviven mejor que en ninguna otra ciudad española -tal vez Madrid por ser capital en densidad de población y oportunidades- diferentes raíces culturales dentro de otra propia: la catalana, poseedora de una vertiente acogedora, con gran capacidad de asimilación, de culturas inmigradas, quizá como sucedió en el Nueva York de los sesenta. Para el caso, en ningún momento se pueden obviar dos hechos que resaltan el espíritu de “lo catalán”. El primero, recordar que Barcelona a lo largo de las casi cuatro décadas que duró la dictadura franquista fue una ciudad industrializada acogedora de españoles procedentes de distintas estancias por motivaciones laborales más que políticas. El segundo, lo acontecido en los últimos quince años, cuando la capital catalana se convirtió en una urbe receptora de fuertes corrientes de emigrantes provenientes de América Latina y de la Europa del Este. Digamos aquí que la salsa es propia de la e-migración, traducida en el desplazamiento físico y sentimental, en la nostalgia “terrenal” y “espiritual” de lo perdido. 

Una segunda razón podría esa especie de melancolía por la casa (¿el corazón?) donde uno habitó, esa melancolía vigorosa, el vitalismo lúdico que nos permite seguir danzando, tocando y escuchando salsa, que unido a la necesidades económicas condujo a la constitución de un movimiento escénico conformado por salas de baile -su ejemplo más sobresaliente está en la discoteca Antilla-, en la programación anual de congresos, conciertos y bailes y en la aparición de pinchadiscos, que en el caso de Barcelona es efecto y causa a la vez de un colectivo, La Trifulca, resultante organizativa que gestiona y argumenta la diversificación de actitudes culturales en un foco social: el barrio del Raval, donde se presenta toda la esfera “barceloniversal”, marginal y marginada, alternativa, intelectual, bohemia, turístico - esnob, maxi y minimalista, donde conviven lo tribal colectivo -casi medieval en su arquitectura y urbanismo, bajo su actitud “otra”-, junto a la uniformidad de los diseños de contemporaneidad expresiva, en su socio - urbanidad ideológica y arquitectónica: el Museo de Arte Contemporáneo (MACBA), el Centre de Cultura Contemporánea (CCCB), la Filmoteca de Cataluña...

Creo, intuyo, que un festival de música salsa y jazz latino como el Festival Salsa & Latín Jazz, es y tiene que ser consecuencia de un producto trabajado, bien pensado, de un márquetin social madurado después de que existiesen en los años ochenta y con anterioridad, en los sesenta, grupos sociales que mantuvieron su dignidad de “clase barrio” a través de la rumba catalana -de origen híbrido gitano – andaluz (payo -blanco- o gitano) y de su sabor, además de las influencias dadas por la “salsa global” y la música tropical-. Su ejemplo más paradigmático fue Gato Pérez, y sus recorridos en catalán por las barriadas de la también asimétrica Barcelona. Una declaración de principios antirracial - multicromático: “las verdades del bongó, gitanitos y morenitos”. Aquí payos y gitanos en salsa-rap, con metales sintetizados.

En consecuencia, un festival como el Festival Salsa & Latín Jazz, en particular su programación, tiene que ver con una base de actuación abierta e híbrida -o aglutinada-, de allí su amplio elenco, a la par del gusto de los instrumentistas que conforman las orquestas de salsa y latín jazz de Barcelona, experimentados en tocar música de diversas procedencias estilísticas y culturales, poseedores de conocimientos diversos no clasificados sobre pop, rock, funk, reggae, ska, jazz, electrónica, clásica, …, todo un bagaje profesional a sus espaldas, repleta de partituras académicas y orgánicas, de escuela y ensayo, de calle y barrio. Además de su procedencia, otro signo más de la interculturalidad de la Barcelona que ofrece ese tipo de paradojas.: colombianos, venezolanos, peruanos, cubanos, británicos, españoles, catalanes…., de la misma forma como está alineada una agrupación comoTromboranga. Siendo Barcelona una ciudad capital de provincia, Cataluña, y de una “nación cultural”, defensora de su integridad lingüística, administrativa y políticamente, es en España la urbe que mejor incluye -integrar es un verbo que podría asignársele a La Trifulca- las oportunidades de convivencia y dialogo intercultural.

Por todo ello, una cierta actitud “hispter” -semejante al sentimiento de desplazamiento tanto físico como espiritual como el sugerido en este texto- que bien podría asemejarse a la existencia desencasillada de etiquetas de ese espíritu barcelonés que se muestra en La Trifulca, donde se ubica la orquesta La Sucursal S.A. -liderada por Marcelo Rosero-, motor para un festival que en su segunda edición se expandió a otros puntos cardinales y provincias de la actual España en crisis: Avilés en Asturias, Cádiz en Andalucía, La Coruña en Galicia y Madrid, con un notabilísimo esfuerzo y riesgo en perjuicios por presentar estrellas de la salsa, concursos de baile, sesiones de djs, bandas locales after-festival…

Para terminar permítaseme recomendar, atendiendo mi gusto, las siguientes orquestas para la edición entrante: Ocho y Media, Salsa Céltica, Bailatino, Williamsburg Salsa Orchestra, La 33 -imprescindibles-; intuyo que continuarían configurando un excelente festival ¡Enhorabuena! A los organizadores, sigan así, con ese tremendo esfuerzo pleno de arresto y atrevimiento. ¡Les debemos mucho ya!